sábado, 23 de mayo de 2026

POLILLA DEL ÓXIDO (Udea ferrugalis)

 

Udea ferrugalis (Polilla del óxido o de las dunas)

También llamada Doradilla, esta pequeña polilla que pertenece a la familia Crambidae (subfamilia Spilomelinae), aunque pasa desapercibida por su tamaño y aparente fragilidad, es un lepidóptero de gran interés agrícola y ecológico.

Morfología: Su envergadura alar oscila entre los 18 y 22 mm. Sus alas delanteras muestran un color marrón leonado o herrumbroso (de ahí ferrugalis), salpicado por manchas oscuras y líneas sinuosas difusas. Cuando descansa adopta una silueta triangular muy típica.




Comportamiento y Vuelo: Es especie polivoltina que produce varias generaciones al año, habitualmente entre primavera y otoño y tiene una sorprendente capacidad migratoria, desplazándose largas distancias desde el sur de Europa y el norte de África. En el sur de nuestra península mantiene poblaciones permanentes durante todo el año, pero la mayoría de la población europea procede de África, de donde viaja aprovechando corrientes de aire cálidas.



Impacto fitófago: Su larva (oruga), de color verdoso con una característica línea dorsal clara, es polífaga, se alimenta de una amplísima variedad de plantas silvestres y cultivadas (asteráceas, solanáceas o leguminosas). En la agricultura mediterránea se la vigila de cerca porque sus larvas tejen hilos de seda protectores en el envés de las hojas, la oruga dobla el borde de la hoja de la planta nutricia o une varias hojas colindantes utilizando hilos de seda. Dentro de ese refugio sedoso se alimenta protegida de los depredadores y de las inclemencias del tiempo, y es allí mismo donde termina crisalidando.


Larva de Udea ferrugalis

Pupa de Udea ferrugalis. Su coloración evoluciona
desde un marrón claro o ambarino
hasta un tono castaño oscuro y brillante
justo antes de la emergencia del adulto.

Udea ferrugalis raras veces se convierte en plaga devastadora. Se cría más bien en una enorme variedad de plantas silvestres muy comunes en cunetas, linderos y claros de monte bajo, como ortigas (Urtica),  jaramagos, malvas o cardos.




sábado, 2 de mayo de 2026

SCANTIUS AEGYPTIUS

 


Scantius aegyptius, conocida comúnmente como chinche roja de Egipto, es un hemíptero de la familia Pyrrhocoridae. Es muy frecuente encontrarla en zonas de clima mediterráneo, especialmente en entornos agrícolas y ruderales.

Coloración: Presenta un color rojo intenso con manchas negras geométricas. A menudo se confunde con la Pyrrhocoris apterus (chinche de la malva), pero se distinguen fácilmente porque S. aegyptius tiene sendos puntos negros grandes y circulares en el centro de cada coria (la parte endurecida de las alas), mientras que la chinche de la malva tiene un patrón más complejo.



Vientre: Su parte inferior suele ser roja con bandas negras transversales.

Comportamiento y Dieta

  • Alimentación: Es principalmente fitófaga, alimentándose de semillas caídas y jugos de plantas, especialmente de especies de la familia Malvaceae.

  • Gregarismo: Al igual que sus parientes, suele formar grandes agrupaciones de individuos (tanto ninfas como adultos) en zonas soleadas, sobre piedras o troncos. Aprovecha las grietas del la corteza de árboles para regular su temperatura.



Actividad: Es muy activa durante la primavera y el otoño en el sur de la península, aprovechando los días cálidos.

Distribución y Hábitat

  • Es originaria de la región mediterránea (incluyendo el norte de África y el sur de Europa).

  • Se adapta muy bien a los márgenes de caminos, olivares y huertos, lo que la hace muy común en zonas como los Cerros de Úbeda.

  • Ha sido introducida accidentalmente en otras partes del mundo, como California, donde se considera una especie invasora.



Un apunte sobre su unicidad

Aunque a simple vista parezcan todas iguales, si aplicamos con brevedad el principio de Leibniz de la identidad de los indiscernibles, entenderíamos que no hay dos chinches idénticas: siempre habrá una pequeña variación en el patrón de sus manchas o en su tamaño que las hace únicas ante una observación minuciosa.

30 de abril de 2026



POLILLAS DE ESTUCHE (Coleophoridae)

 


Ese cilindro protector es el "estuche" o funda de una larva de polilla de la familia Coleophoridae, comúnmente conocidas como polillas minadoras de estuche.

Se trata de un ejemplo sorprendente de arquitectura natural. La larva construye este refugio utilizando seda mezclada con partículas de arena, tierra o restos vegetales. A medida que la larva crece, va ampliando el cilindro.

El estuche sirve como camuflaje frente a depredadores y como protección contra la desecación. La larva vive dentro y se desplaza transportando su "casa", asomando solo la cabeza y las patas delanteras para alimentarse de la planta.



Muchas especies de Coleophora son especialistas. Se alimentan del tejido interno de las hojas o, como parece en estas fotos, de las flores de asteráceas (plantas de la familia de las margaritas). Al terminar de comer en un punto, se desplazan a otro, dejando pequeñas marcas circulares de succión.

Coleophora tanaceti

Este tipo de insectos son muy comunes en entornos de clima mediterráneo y seco, como los olivares y campos de Úbeda, donde aprovechan la vegetación herbácea que crece bajo los árboles.


Coleophoridae?

Identificar micro-polillas por foto presenta una gran dificultad, el ejemplar de arriba presenta rasgos muy característicos de un imago (adulto) de la superfamilia Gelechioidea y tiene muchas papeletas para ser de la familia Coleophoridae o una Autostichidae (muy cercanas).

Por los siguientes detalles:

  • Los palpos labiales: Si miras la zona de la cabeza, tiene unas estructuras que sobresalen hacia adelante como si fuera un "pico" o una nariz larga. Esto es muy típico de muchas familias de micro-lepidópteros.

  • La postura "en flecha": La forma estilizada y rectilínea, con las antenas (aunque una parece doblada) proyectadas hacia adelante, rasgo clásico de los Coleophora.

  • El borde de las alas: Se pueden apreciar esos flecos sedosos en la terminación de las alas, lo que le da ese aspecto "deshilachado" tan propio de los imagos de esta familia.

  • Coloración: Ese tono ocre pajizo es el camuflaje perfecto para pasar desapercibida entre las hierbas secas de los Cerros de Úbeda.

domingo, 15 de marzo de 2026

DESFILADERO DEL BUITRE

 

La Cerrá del Utrero y el Peñón del Lanchón,
desde el Mirador de las Palomas


La CERRÁ DEL UTRERO --o "Cerrada", en castellano fino-- es una de las sendas más emblemáticas del Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y las Villas. Señala un recorrido circular de baja dificultad (salvo que uno padezca "claudicación intermitente", y aún así se puede hacer el trayecto compleo, descansando de vez en cuando), una ruta de enorme impacto visual debido a la erosión causada por las aguas del Guadalquivir recién nacido en la roca caliza.

Señal con solera a la entrada de la Cerrá del Utrero

El sendero rodea el Peñón del Lanchón, "peñón" del latín 'pinna', almena o peñasco. "Lanchón" es el aumentativo de lancha, pero en el contexto de la Sierra de Cazorla, "lancha" no tiene nada que ver con embarcación, sino con la geología, porque refiere a una piedra plana, lisa y de gran tamaño, generalmente de naturaleza caliza y, por extensión, lanchón designa una pared rocosa inmensa, lisa y vertical.

Cuando ves el peñón desde el sendero de la Cerrada del Utrero, lo que destaca es precisamente esa cara de piedra desnuda, plana y gigantesca que parece una "lancha" colosal puesta en vertical.


Sobre este farallón rocoso es habitual ver buitres leonados y, son suerte, algún quebrantahuesos. El agua ha esculpido el relieve kárstico en estas paredes durante milenios.

Salto de Linarejos, foto cortesía de Maite González

 La joya del recorrido es la cascada o Salto de Linarejos, con forma de cola de caballo, es la manera en que el arroyo del mismo nombre, Linarejos, busca el cauce del Río Grande, cascada estacional que suele andar seca en verano.


Para un filólogo --como este vuestro seguro servidor-- es muy interesante el origen del término "utrero". La IA Gemini ofrece dos posibilidades etimológicas; De 'vulnerius', derivado de 'vultur', buitre en latín; o bien de 'uter, utris', que refiere a un odre de piel de animal (de donde viene "útero"), término que no se sabe bien por qué acabó por referir a reses de tres o cuatro años, y que todavía usamos, utrero, para llamar al novillo de toro bravo de tres años.

Senda escalonada, labrada por el humán en la roca caliza del Peñón del Lanchón

Doña Gemini (IA) me ha dado la razón (la suele dar cuando puede para embaucarte): lo más seguro es que en el caso de la "Cerrá" de marras, "utrero" tenga que ver con el ave carroñera, la Cerrada del Utrero, es pues, el Desfiladero del Buitre. De hecho, en otros lugares de Andalucía se usa también la palabra "utrero" para describir cerros o peñones verticales sobre los que anidan buitres, aunque cabe la posibilidad (remota) de que con la palabra "utrero" se aluda también a un monte que recuerda el lomo de un animal joven y fuerte. También se ha podido producir un cruce semántico...


Cerca de la Cerrá del Utrero está el Poblado de Vadillo Castril, donde a veces se puede visitar el Centro de Capacitación Forestal.


No tuve la suerte de ver volar a ningún buitre ni a ningún quebrantahuesos, pero sí, para mi sorpresa y en línea continua y recta por el cielo azul cerúleo a un cormorán grande (Phalacrocorax carbo), ¿un cormorán? Pues sí, lo identifica Gemini con seguridad, analizando las siluetas de mis fotos, por su cuello largo y proyectado, la cola larga y redondeada, el vuelo directo (los buitres planean) y su forma alar de crucifijo.


 
Aunque asociamos el cormorán a las costas, no es raro verlo en los grandes embalses, gracias a sus plumas impermeables son grandes expertos en la pesca de la trucha y otros peces grandes de agua dulce. Usan el cauce de los ríos como autopistas entre embalses próximos. 

Como detalle curioso, Gemini anota que ver un cormorán volando entre estas paredes calizas del Desfiladero del Buitre crea un contraste visual muy bonito, pues casi parece un ave de otros tiempos prehistóricos por su perfil tan afilado. (¡He aquí un prueba de que a la IA no le falta sentido estético!, aunque se halle ayuna de conciencia de sí..., todavía).



Pocas plantas silvestres muestran ya sus flores pioneras en este día 13 de marzo, víspera de Santa Matilde, jornada de finales de invierno. Una de ellas es el jacinto de montaña o Scila española (Scilla ramburei) de flor azul violácea, tiene seis pétalos (tépalos) en forma de estrella, las anteras de color azulado obscuro tirando a negro, rasgo típico del género.


Al jacinto de montaña le encantan lo suelos húmedos invernales o de deshielo. En las repisas rocosas de la Cerrá del Utrero medra en donde se acumula un puñado de tierra. Pionero de la primavera, sus bulbos guardan en invierno la energía para aprovechar los primeros soles de mediados de marzo, resultando esenciales para los primeros insectos polinizadores, como las osmias que veremos a continuación. Su floración es efímera.


Otra especie precursora de la primavera es los Anteojos de Santa Lucía (Naspicápula) del género Biscutella. Sus florecilas blancas y agrupadas tienen cuatro pétalos en forma de cruz (Crucíferas o braquicáceas). Lo más curioso de esta plantita de la misma familia del jaramago son los frutos que asoman debajo y que recuerdan un par de gafas o de anteojos antiguos, valvas verdes que guardan las semillas.



Pocos insectos se agitan todavía, quiero decir, a la vista. entre rocas las abejas albañilas rojas, antes Osmia rufa y ahora Osmia bicornis se muestran muy activas. Echándole paciencia al asunto consigo fotografiarlas mientras toman aliento sobre la roca calentada por el sol del mediodía...



Gemini les llama "peluches de la primavera" (a la inteligencia artificial le gusta mostrarse popular e imaginativa); su abdomen está cubierto de una densa pilosidad naranja-rojiza, rufa o rubia; el tórax, más obscuro, es también peludo. Las osmias son de las más eficaces polinizadoras que existen. Se dice que una sola es capaz de hacer el trabajo de decenas de las melíferas.



Son abejas solitarias que no forman colmenas, aunque aparecen formando colonias. Aguantan bien las últimas frescuras del invierno, por lo que son las primeras en aparecer en las alturas. Las he visto y fotografiado también en la Loma de Úbeda, al final de inviernos tibios. Buscan agujeros naturales en las rocas y usan barro, que toman del río, para tabicar sus nidos y proteger a sus larvas, por eso se les llama "albañiles". Las grietas del Peñón del Lanchón son un edificio de apartamentos de lujo para estas vistosos himenópteros.

Sorprende ver y saber que son las hembras, y no los machos, por mucho que los engañen, las que presentan dos pequeños cuernos en el clípeo o frente de la cabeza, de donde lo de "bicornis". En esta fotografía (infra) tomada el último día de febrero del 2007 en La Esperilla, pueden verse muy bien los cuernecitos de la hembra. Me consta que son muy promiscuas, los machos suelen pelearse por montar a las bicornes.


Tomando calor de la piedra me topo con una chinche de patas laminadas o chinche de las calabazas, fácil de indentificar por la forma de los hombros (parecen hombreras militares) y por las antenas. Familia Coreidae, seguramente Coreus marginatus. Un insecto común en la Sierra de Cazorla. Por el borde del abdomen sobresale por los lados de las alas lo que llaman los entomólogos "borde conexivo" con un patrón de manchas claras y obscuras. Su color canela o marrón y su textura granulosa le dan un aspecto de cuero viejo, lo que le sirve para camuflarse perfectamente entre la hojarasca y las rocas de la Cerrada.


Las antenas tienen cuatro segmentos con tramos finales más obscuros. Se aprecia bien el color anaranjado de lo segmentos intermedios. Entre las antenas tienen pequeñas espinas. Es fitófaga; le encantan las acederas. Si se siente amenazada, como otras chinches, se defiende químicamente, desprendiendo un olor desagradable y una sustancia venenosa desde unas glándulas del tórax, lo que permite comprender a los pájaros que no es un buen bocado. Inverna como adulto, por lo que es de los primeros en aparecer a finales del invierno.



Las hormigas, diligentes, no quieren desmentir su fabularia fama de laboriosas y ya andan buscándose la vida... Y estas no son unas hormigas cualquiera; son hormigas de los alcornocales (Camponotus cruentatus), una de las especies más grandes y espectaculares de Europa, y en las zonas de solana de Cazorla son las reinas absolutas del suelo, del género Camponotus (hormigas carpinteras). 


El nombre cruentatus viene del latín y significa "manchada de sangre". Si miráis bien las fotos, veréis que tienen una mancha de color rojo ferruginoso o granate muy característica en los laterales del abdomen y en parte del tórax. El resto del cuerpo es de un negro mate muy elegante. La vellosidad dorada del abdomen les da un brillo especial bajo el sol de marzo. A diferencia de otras hormigas, las Camponotus no tienen aguijón, pero lo compensan con unas mandíbulas muy fuertes y la capacidad de proyectar ácido fórmico desde el final de su abdomen si se ven en peligro.


Las fotos son de obreras, pero dentro de esta especie hay mucha diferencia de tamaño y clase. Las hay "minors" y "majors", estas últimas son los soldados con una cabeza enorme capaz de dar mordiscos potentes, que pueden llegar a herir una piel sensible. En general son muy agresivas y si las asustas se levantan sobre sus patas traseras y ofrecen combate. Es muy habitual verlas patrullando las rocas calizas de la Cerrada del Utrero por varias razones: porque son termófilas y usan la piedra como acumulador térmico para activarse, porque usan las rocas para subir a los arbustos cercanos y "ordeñar" a los pulgones que pastorean por su melaza. 



Me llaman la atención estos líquenes purpúreos sobre la caliz del desfiladero que rompen la monotonía del gris con su tono vivo. Dice Gemini que se trata del género Bagliettoa, muy problablemente Bagliettoa marmorea, de tono rosado característico. Se trata de una adaptación para protegerse del sol que reciben las paredes del Peñón del Lanchón, un protector solar biológico. Lo más interesante de este liquen es que es endolítico: no sólo vive sobre la roca, sino dentro de ella. Lo consigue segregando ácidos que disuelven la caliza para que el cuerpo del liquen pueda incrustarse en los primeros milímetros de la piedra.


Camponotus cruentatus sobre liquen amarillo

Si miras bien la foto verás puntitos negros, son los peritecios, órganos reproductores del liquen que asoman al exterior desde el interior de la roca. Se dice que estos líquenes dan a la piedra un aspecto de mármol rosado. Su presencia es señal de un aire muy puro, por eso cuentan como bioindicadores, porque son extremadamente sensibles a la contaminación. Cuando el liquen muere los agujeritos o alvéolos que deja en la roca, microscópicos contribuyen a la imparable erosión de la Cerrá. A veces conviven con el Xanthoria elegans, que es de un naranja casi fosforito.


Líquenes fruticulosos, seguramente del ténero Evernia o Usnea, conocidos como barbas de capuchino, no son parásitos, usan el arbolillo como soporte para captar luz y humedad, la superabundante de la Cerrá durante este invierno en forma de vapor. Son un indicativo también de la estupenda pureza del aire en estos parajes, porque son muy sensibles a los compuestos de azufre.
Ese aspecto de "arbolillo disfrazado" es típico de bosques húmedos de alta montaña y le da un aire casi mágico o de cuento a ese tramo del sendero... Y ahora, de o sublime a lo grosero y elemental, mi querido Watson.


Feces de cabra montés de tipo granallado

No cabe duda de que por aquí andan las cabras que tiran al monte, cuando no los bípedos implumes. ¿La muestra? Estas cacas de ungúlado, identificadas con absoluta certeza por mi amiga Gemini como propias de cabra montesa: Capra pyrenaica. Excrementos en forma de píldora de cabra montés, bolas elipsoidales u oblongas, muy regulares. Si os fijais (ya sé que podéis sentir cierta repulsión instintiva, já), veréis que algunas bolitas de la foto tienen un extremo puntiagudo y otro cóncavo, es lo que ocurre cuando se compactan en el esfínter, ay, el esfínter, tan importante para ciertas funciones básicas y otras no tanto... 

Las cabras suelen depositar estas "moquetas" de bolitas todas juntas en un mismo punto, a menudo en repisas rocosas o senderos que usan como sesteaderos o miradores, técnicamente son fibra vegetal muy procesada, cuando se secan se vuelven leñosas y apenas hieden.

Cabra montés de la Sierra de Cazorla,
fotografía de Francisco González Palacios

Las cabras monteses son las auténticas escaladoras de la Cerrada; se mueven por las repisas del Peñón del Lanchón con una facilidad pasmosa, buscando pasto fresco o simplemente un lugar seguro para vigilar. El rastro es fresco, por lo que el animal dejó su tarjeta de visita hace poco, seguramente en la noche anterior.



Al acecho de los bichos chicos que despiertan, doña Lagartija en realidad es don Lagartijo, pues por su colaratura está en celo. La Lagartija colilarga (Psammodromus algirus) permite una identificación segura por las rayas amarillentas o blanquecinas que recorren su costado, entre las que suele haber una banda más obscura. Si se amplía la imagen, puede verse que sus escamas no son lisas, tienen una pequeña quilla, lo que les da un aspecto más rugoso y menos brillante que a otras lagartijas. Esta especie tiene una cola desproporcionadamente larga que puede llegar a triplicar la longitud del cuerpo. 

Mosca taquínida de diseño punk (cerdas negras, repelentes y sensibles).
Parasitoides (control de orugas), pero también polinizadoras.

El tono ligeramente anaranjado de la cabeza y garganta de la colilarga indica el sexo y su celo, algo propio de estas fechas de marzo. Busca el calor de la piedra soleada (ectotermia), pero siempre con un agujero o matorral próximo para evitar el ataque de un ave o una culebra. Una curiosidad de esta especie es que puede emitir un pequeño chillido si se siente amenazada o es capturada, algo muy raro en el mundo de los pequeños reptiles. 



Con el sol de mediodía han emergido desde sus crisálidas algunas limoneras, sigo el curso de su poderoso vuelo, con la ilusión de que se paren cerca, ¡pero no!, jóvenes apresuradas. También ha salido del hormiguero que le cobijó en invierno algún licénido azulado (macho)... No pueden faltar ya los moscones, muy atentos para evitar cualquier peligro. Las taquínidas punen sus huevos en otros insectos, generalmente orugas, de las que sus larvas se alimentan desde dentro. Así que sirven para controlar los parásitos de los pinos, por ejemplo.



Con la subida de temperaturas, las geraniáceas no tardarán en dar flores y los ombligos de venus sus frutos...

Geranium lucidum, geranio de roca o brillante


Umbilicus rupestris (¡qué bien elegido el nombre científico!)


Curso de Guadalquivir jovencísimo

Después del puente de la carretera, el curso del río se remansa, tomará anchura en Coto Ríos. El pasado tren de borrascas ha ensanchado su rambla y arrastrado tronos de árboles caídos en combate contra el temporal y maleza muerta hasta una altura considerable.


El Guadalquivir a su paso por Coto Ríos.
Cerca recibe los aportes del Borosa y del Aguasmulas.