Estas plantas silvestres del género Plumbago contienen sustancias activas muy potentes (plumbagina), por eso el contacto con hojas, tallos y raíces puede resultar urticante. Si se manipulan sin cuidado o se consumen, provocan intensa irritación local, inflamación, ardor e incluso ampollas en la piel o en las mucosas, por lo cual la cultura popular las asoció a fuerzas malignas, por lo que llamó a Plumbago europaea (la especie de nuestros cerros) yerba del diablo.
Plumbago europaea también fue llamada blesa, belesa y matapeces. Es curioso el origen etimológico de "belesa", porque se usó para "embelesar", es decir, para nublar los sentidos de los peces en ríos y charcas de corriente lenta, lo que facilitaba su pesca. Los compuestos de la planta entorpecían la respiración de los peces o los aturdían, dejándolos flotando atontados o semiinconscientes en la superficie, lo que facilitaba enormemente su captura a mano.
Antiguamente, se usaron sus raíces masticadas para calmar el dolor de muelas por la fuerte reacción que causaban y la irritación que adormecía temporalmente los nervios, pero con extrema precaución porque su manejo entrañaba riesgos de envenenamiento y de lesiones locales.
La yerba del diablo es oportunista y aprovecha los últimos calores del otoño para florecer, ofreciendo sus bonitas flores a los últimos insectos que vuelan por los cerros. Las dos fotos de arriba y la de abajo fueron tomadas el último día de octubre del 2026 en el camino que va de Aguas blanquillas a San Bartolomé.
Las flores se agrupan en densas espigas terminales o racimos compuestos por numerosas corolas con forma de embudo, un tubo largo y fino que se abre en un ribete plano dividido en cinco lóbulos (pétalos). Su tonalidad varía entre el rosa intenso, el violáceo y el morado pálido, destacando a menudo un nervio central más oscuro en los pétalos.
Una de las señas de identidad más acusadas del cáliz tubular de Plumbago europaea es que está recubierto de glándulas viscosas. Estos pelillos glandulares pegajosos le otorgan una textura áspera o rugosa que ayuda a que se adhiera con facilidad lo que facilita la propagación de las semillas, que poseen cinco estambres libres de tonos claros que sobresalen ligeramente en el centro de la flor.

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