viernes, 22 de octubre de 2021

DUDAS ANIMALESCAS

 

Bruno con su presa, 16 septiembre 2021


Salimos juntos, como casi todas las tardes. Después de los rituales de reconocimiento, del olfateo, y la caricia, Bruno me sigue a todas partes. En la huerta hay un padrón bajo, junto a las tres palmeras americanas, una, la más joven, sentenciada a muerte por el maldito picudo asiático. El padrón está cubierto de hiedra, en aquel momento florecida. Cientos de insectos acuden al reclamo del néctar fácil, casi todos avispas, algún moscón del género Eristalis, abejas megachílidas, sobre todo. Es posible darse con el elegante revoloteo de una Vanessa atalanta, procedente del norte frío y esos sírfidos enormes, moscas de las flores, cuya quitina parece plástico o metal bruñido (Volucella).


Volucella zonaria, 26 septiembre 2010

El caso fue que mientras yo observaba a los insectos con sigilo y paciencia de cazador, buscando a cuál enfocar con el objetivo macro disparando la cámara, un gazapo ya crecido que se había escondido entre la maleza, al pie del padrón, salió corriendo y, como si hubiese habido una cooperación prevista entre mi perro y yo, Bruno le salió al paso, estuvo rápido y le clavó en el cuello sus poderosos caninos hasta estrangularlo. Huía de mí el pobre animal, y se encontró con el depredador.

Mi colaboración, bien que inconscia o involuntaria, había sido necesaria, así que le reclamé una parte de la presa a Bruno. ¡Cá! Estaba muy emocionado por su proeza, aunque no hambriento. Le habíamos visto con una torcaz en las fauces, pero no sé si ese era el primer conejo que cazaba, correrlos sí, todos los días, pero los regates de los lepóridos eran superiores a sus habilidades y fuerzas.

Dante, 7 julio 2016, padre y hermano de Bruno,
fallecido en extrañas circunstancias

Salió crecido y ligero en dirección a alguna de sus despensas. Con voz de mando, de autoridad y caudillaje, de cazador alfa, le recriminé su conducta. Paró un momento frente a la fuente, el que recoge la foto que ilustra esta entrada, y me miró. Algo le detenía. ¿Qué pasó en ese momento por su psique?, ¿qué sintió? ¿algo similar al orgullo midiéndose y luchando con algo parecido a la culpa? No insistí. No corrí tras él.

Su abuelo, Rocco el Blanco, sí me entregó una vez la presa. Aunque tuve que llamarlo al orden muchas veces. Este, el nieto, ha heredado la sangre de podenco de su madre y su abuela, más que los rasgos árticos de su abuelo. Es capaz de arriesgar importantes arañazos husmeando bajo zarzas y entre cenizos. 

No sé hasta donde pueden elaborar sus emociones los animales domésticos o si sus cerebros llegan a producir sentimientos análogos a los nuestros. Por lo menos dudó, de eso estoy seguro. Del conejo no volví a saber nada.

¿Piensan los animales?, ¿dudan, deciden?, ¿tienen mente?

Hoy hemos superado la simpleza cartesiana de creer que los animales sean sólo máquinas que no reaccionan al entorno sino mediante instintivas respuestas automáticas, máquinas ingeniosas, eso sí, concebidas por el Supremo Hacedor, pero sin alma. Por cierto que Descartes estuvo influido en su mecanicismo animalista por "el automatismo de las bestias" de nuestro Gómez Pereira (Antoniana Margarita, Medina del Campo 1554).

¿Cuándo podemos hablar de mente (psique, alma) en la escala evolutiva? Desde luego, es difícil atribuir mente a los animales unicelulares e inverosímil hablar de intenciones en un mosquito (o mosquita). ¿Es posible hablar de representaciones mentales sin lenguaje? ¿Es equiparable la danza de las abejas a un verdadero lenguaje?

Es difícil atribuir representaciones mentales y cognición a medusas, lombrices intestinales o estrellas de mar, porque poseen un sistema nervioso muy básico. En el caso de las medusas un plexo nervioso difuso formado por protoneuronas. ¿Cabe pensar en representaciones mentales sin conciencia? ¿Es la conciencia una función mental de todo o nada o, como afirma Douglas Hofstadter, una cuestión gradual, como la lámpara que admite un mínimo y un máximo de luz?

Una reina (Polistes gallicus)  ha fabricado
un nido de papel para sus obreras, 15 junio 2007

Algunos naturalistas afirman que hay buenas razones para atribuir representaciones mentales a los insectos. Las abejas son capaces de evaluar imaginativamente la posibilidad de encontrar alimento en una determinada localización. Puede ser que sus mentes jueguen, no con categorías intelectuales y abstracciones, sino con categorías perceptivas, que le permiten interactuar y orientarse en el entorno, que también modifican.

"C. R. Gallister encuentra difícil no atribuir una representación de su posición en el entorno a una hormiga del desierto tunecino que, tras salir de su hormiguero en busca de comida caminando en zigzag y en espirales, es capaz, una vez encontrado el alimento, de volver en línea recta a su hormiguero... También J. L. Gould ha argumentado que las abejas poseen mapas cognitivos de su entorno que constituirían representaciones mentales del mismo. Un mapa cognitivo es una representación mental de las relaciones espaciales que se dan entre hitos dentro de un entorno" (Antonio Diéguez Lucena. Origen evolutivo de la mente, Madrid, 2011). 

No obstante, es poco verosímil atribuir representaciones mentales a organismos cuyo sistema nervioso está distribuido por una red de ganglios nerviosos, entre los cuales el cerebro es sólo el más importante o sólo el más delantero. Por eso no son muchos los científicos dispuestos a hablar de procesos mentales en los insectos.

Abeja excavadora de bandas blancas, del género Amegilla.
Libando lantana de jardín.


Pero otra cosa son los cefalópodos. Se ha demostrado que los pulpos son capaces de aprender conductas nuevas mediante refuerzos positivos y negativos, o sea, mediante premios y castigos. Y por supuesto hay rasgos en la conducta de aves y mamíferos que parece exigir una explicación basada en la posesión de representaciones mentales. No sólo los primates, sino que también los cuervos son capaces de usar instrumentos, y meta-instrumentos, o sea instrumentos para fabricar otros. Los córvidos no sólo recuerdan con enorme precisión y durante seis meses donde han escondido comida, sino en qué tiempo la escondieron y qué comida era. Cuando las recuperan, empiezan consumiendo las más perecederas. A loros y cuervos los etólogos les han atribuido razonamientos causales, conducta flexible, imaginación y habilidades prospectivas. El cerebro de las aves puede además crear en la edad adulta nuevas neuronas.

Cuervo en vuelo

Parece que los reptiles no, pero los mamíferos juegan y sueñan. Mi perro Bruno sueña mucho. Lo sé porque se le mueven las órbitas de los ojos durante el sueño profundo (REM) y es juguetón incluso en la edad reproductiva, adulta. Existen loros que nadan y hacen bolas de nieve y cuervos que se arrojan piedras en vuelo y se deslizan repetidamente por laderas nevadas.

Hay no obstante científicos y filósofos que piensan que sin lenguaje doblemente articulado, sin abstracción y sintaxis, no se puede hablar de mente, caso de Robert Logan y Donald Davidson. Para este último, un organismo no puede tener creencias a no ser que tenga ya el concepto de creencia, lo cual implica también la pertenencia de dicho organismo a una comunidad de habla. Por tanto, la racionalidad es un rasgo social que sólo tienen aquellos seres capaces de comunicarse mediante un lenguaje abstracto.

Esto no descarta desde luego, que Bruno dudara. Y por un instante, en la fuente, con la presa colgando de las fauces, no me cabe la menor duda de que dudó, si volver conmigo y compartirla o esconderla en una de sus despensas...


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