TIEMPO DE BELLOTAS
A nuestro ridículo héroe a la par que entrañable don Quijote, le trajeron las bellotas servidas por unos cabreros recuerdos de aquella Edad de Oro en que no había ni "tuyo" ni "mío" porque cualquiera alzaba la mano y de las robustas encinas obtenía liberalmente el dulce y sazonado fruto. Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia.
- ¡Ya, ya!
Mi madre, en los inviernos de hace medio siglo, más rigurosos que los de hoy (a fin de año están nuestras bellotas en su punto), me llenaba el bolsillo con ellas y, con hambre de nene, a mí me sabían a gloria a la hora del recreo. Así que me traigo un puñado todos los años de una encina amiga (subespecie "ballota") que las regala dulcísimas. Gracias a Dios, esta y otras de los Cerros han sobrevivido al hacha, a la motosierra y a la "Seca", enfermedad que está asolando muchos encinares españoles en la actualidad.
Existe un programa civil para plantar un millón y medio de bellotas mejorando nuestros bosques y plantando cara al cambio climático: http://lagranbellotadaiberica.org/
BALANINOS
He contado arriba como cuando chico y con carámbanos en los aleros de las casas, antes de salir para la escuela, mi madre me llenaba el bolsillo con algunas bellotas..., sigo buscando las más dulces, de encinas viejas, y sigo comiéndolas con gusto, ¡si no se me adelanta el balanino!
Melchor de Santa Cruz cuenta la historia de un "cristiano nuevo" (judío converso) que comía en el campo con unos caballeros. Circuló un "pernil de tocino" y el pobre hebreo, por temor, se tragó con su asco, que disimuló, el jamón con su tocino, que "marrano" era y jamás lo había comido aunque fuese cristiano sincero. En cuanto pudo se alejó y apoyado en una encina se metió los dedos en la boca y vomitó. Dos caballeros le vieron y se burlaron preguntándole cómo era que el estómago no lo admitía. El converso respondió con ingenio: "No es eso, no. ¡En cuanto sintió el puerco la bellota, no hubo diablo que lo retuviera dentro!".